EL PACIENTE POSTLOCUTIVO CANDIDATO A UN IMPLANTE COCLEAR

El paciente postlocutivo es aquél en la que la hipoacusia aparece posterior al desarrollo cognitivo lingüístico. Se encuentra establecido en la edad de 6 años. A los pacientes postlocutivos se les presupone que les ha dado tiempo a  desarrollar algunos años la vía auditiva y han podido tener una calidad de entrada (input lingüístico) a su sistema cognitivo  permitiéndoles la adquisición y desarrollo del lenguaje. El criterio establecido para determinar un paciente postlocutivo  es a partir de los 6 años en adelante aunque lo que es más probable  y lo que más se da es  que el paciente postlocutivo sea adulto y con años de bagaje lingüístico. En el campo de la habilitación/rehabilitación del implante coclear ocurre de este modo, la mayoría de los pacientes postlocutivos son adultos que han tenido prácticamente un buen desarrollo lingüístico.

El paciente debe cumplir unos criterios:

Audiométricos:

Descartar contraindicaciones

Factores pronósticos que influyen en los resultados posteriores a la implantación.

El otorrinolaringólogo es el responsable de establecer a través de una anamnesis profunda la recogida de los datos clínicos para establecer la selección a la cirugía. El audiólogo o el otorrino valorarán también, y expresado aquí  de forma general, si:

Los umbrales auditivos bilaterales son superiores a 90 dB de media en las frecuencias 500hz, 1000 Hz, 2000Hz y 4000Hz en audiometría tonal.

Los umbrales en campo libre con audífonos son superiores a 65 dB y una discriminación de palabras inferior al 40% utilizando listas abiertas de palabras. No pudiendo entender por ejemplo una conversación estándar que es emitida entre 50 y 70 dB.

Existe una respuesta  inferior al 40% en palabras o en frases en contexto abierto en ambos oídos sin apoyo visual en audiometría verbal.

Mediante técnicas de neuroimagen (TAC, RMN) la permeabilidad de las cócleas, estructuras anatómicas adyacentes o anomalías anatómicas, valoración del nervio auditivo.

No existen contraindicaciones médicas (anestesias, alergias u otras patologías de base), ni tampoco psicológicas o psiquiátricas (esquizofrenias, retrasos cognitivos, )

El paciente es mayor hasta que punto le va a ocasionar beneficio o perjuicio (siempre intentando eliminar el aislamiento y cuadros de pseudodemencia).

Posee la motivación suficiente para solventar todo el proceso de implantación. Este aspecto es fundamental.

El médico debe establecer un candidato que pueda tener un implante seguro y eficaz que pueda disponer de un seguimiento y control posterior y una adecuada comunicación con el resto de profesionales que intervienen en la rehabilitación.

El logopeda dispone de habilidades y recursos para valorar al paciente que va a ser implantado inicialmente y también posteriormente. Posee los conocimientos  de los aspectos  auditivo-cognitivo-lingüísticos que pueden ser cruciales para el éxito de la implantación. Además debe poseer información audioprotésica.

El logopeda debería establecer la evaluación de estos pacientes en base a las siguientes pruebas:

Análisis de la recepción y comprensión del habla con y sin lectura labial. Establecer de esta manera una línea de base con la que poder hacer comparaciones en un momento posterior de la rehabilitación.

Informarse del entorno sociocultural y lingüístico del paciente para poder adecuar el material de intervención en una fase posterior.

Realizar una  prueba de lectura labial siguiendo un protocolo básico de uso común que incluya listas de vocales, palabras cotidianas, palabras bisílabas y frases y de esta manera establecer el grado de reconocimiento visual.

Registrar aspectos suprasegmentales de su habla: articulación, prosodia…