A LA HORA DE PONER LÍMITES

  • Los límites cumplen una función importante. El niño no sabe qué debe y que no debe hacer, nosotros se lo debemos mostrar. La ausencia total de límites por parte del adulto provocará en el niño una gran inseguridad ya que carecerá de puntos de referencia y le será muy difícil aceptar las normas y los hábitos que necesita para integrarse en nuestra sociedad.
  • Debemos mostrarnos tranquilos cuando solicitamos o prohibamos algo, así estará más dispuesto a cumplir lo que se le pide. Es decir, no esperemos a poner límites cuando ya nos han sacado de quicio (evitemos los gritos y azotes). Bajo clima relajado, en el que no exija el cumplimiento inmediato y la decisión clara por parte de los educadores y padres sobre lo que se permite y lo que no, constituye una garantía de que el niño comprenda y acepte sin dramatismo.
  • Si ante una pequeña frustración el niño reacciona con una rabieta, debemos esperar a que se le pase. Podemos contenerle físicamente si hay riesgo de que se lastime, y después poner en palabras lo que ha sucedido (“te has enfadado por”…)
  • Cuando prohibimos algo, podemos ofrecerle una alternativa permitida. Saber brindarle alternativas le ayudará a aprender a decidir.
  • Es mejor seleccionar y establecer lo más prioritario que le vamos a pedir, y esperar a que esté conseguido antes de intentar que respete nuevas normas.
  • No debemos desgastar nuestra autoridad ante detalles intrascendentes, debemos saber que hay temas que exigen mayor firmeza.
  • Podemos ofrecer en algunas ocasiones explicaciones o razones para fundamentar las exigencias (“se puede romper… Te harás daño… no es tuyo…”) pero si intentamos justificarnos es que no lo tenemos claro.
  • Es mejor proporcionar pocas consignas, pero claras y expresadas en forma positiva (las consignas negativas invitan al rechazo, crean más resistencias y ganas de transgredirlas). No pretendamos ir demasiado deprisa.
  • Las normas deben ser adecuadas al nivel madurativo del niño. Es fundamental asegurarnos que el niño las entiende. Deben ser coherentes, no contradictorias, ni arbitrarias, y además,  han de ser verdad.
  • El límite debe ponerse a tiempo y hacer que el niño lo conozca, incluso que sepa de cuánto tiempo dispone para reaccionar ante la nueva propuesta. ¿Por qué exigimos siempre obediencia inmediata? Recordad que la obediencia no es sometimiento…
  • Es importante saber también que un cuidado o protección excesiva no favorece la autonomía del niño. Uno debe tener su propio espacio y su propio mundo sin que llegue a sentirse invadido.
  • No actuar con pautas demasiado prefijadas, es mejor saber respetar la individualidad de cada niño.