Definición de términos.

 Existe confusión terminológica por la diversidad de disciplinas que se han dedicado al estudio de niños con  graves problemas del lenguaje pero puede ser relevante cómo otros autores en diferentes épocas han denominado al trastorno específico del lenguaje:

 

Afasia infantil

Disfasia infantil

Disfasia Evolutiva

Audiomudez ideopática

Sordera verbal congénita

Agnosia auditiva

Trastorno específico del lenguaje

 

Como puede apreciarse existe mucha variedad  terminológica y  guardan relación con cuadros sintomatológicos muy diversos. A veces, estos términos solo coinciden en la gravedad y en la  lentitud de su evolución ya que se solapan y no hay una caracterización precisa de cada uno. El estudio sobre los procedimientos de identificación del trastorno específico del lenguaje de Vera, J., Sánchez, B. y Rodríguez, J. (2012) pone de manifiesto la falta de consenso hoy en día entre profesionales en cuanto a criterios diagnósticos y caracterización del trastorno aunque sí parece que todos utilicen la etiqueta de trastorno específico del lenguaje.

 

Concepto y clasificación de los TEL según distintos enfoques.

 El TEL se define en la actualidad como una alteración del lenguaje constitucional, duradera y relativamente autónoma (Narbona, 2011). Los niños con TEL tienen una afectación en la forma y/o uso del lenguaje, donde la adquisición de las competencias lingüísticas es tardía y defectuosa. Aún cuando un niño con TEL muestre una mejoría significativa después de la intervención, su trastorno es duradero y por este motivo tendrá repercusiones en el aprendizaje del lenguaje escrito y de las formas complejas del lenguaje.

 

La American Speech-Language-Hearing Association (ASHA) definió en 1980 el Trastorno Específico del Lenguaje, como la anormal adquisición de la comprensión y/o expresión del lenguaje oral, que puede afectar a uno o varios componentes del lenguaje; fonológico, semántico, morfosintáctico y pragmático. Los sujetos que lo padecen, suelen tener problemas frecuentes de procesamiento del lenguaje, abstracción de la información significativa, almacenamiento y recuperación por la memoria a corto o largo plazo.  El carácter primario o específico  indica que es consecuencia clara de alguna alteración que  afecta a uno o varios componentes del lenguaje solamente pero sin existencia de déficit sensorial, cognitivo o motor que lo explique  y que  además supone  larga duración y persistencia al tratamiento (Aguado, 1999).   Leonard (1998),  coincide  con otros autores y amplía que  el Trastorno Específico del Lenguaje se caracteriza por la presencia de un retraso grave o una limitación  en el desarrollo del lenguaje que no es debida a factores socioambientales, neurológicos, cognitivos (aunque presente problemas de memoria y percepción), emocionales, sensoriales, con una inteligencia no verbal dentro de los límites de normalidad, ni a problemas de audición, ni a problemas motores ni por alteraciones del desarrollo afectivo.

Las alteraciones tienen importantes implicaciones a nivel educativo, social y emocional. Es una entidad dinámica,  pues existen datos a favor de que varía con el tiempo en función de las estrategias paliativas que pone el sujeto y la interacción comunicativa a la que se ve sometido.

En la década de los 80, Isabelle Rapin y Doris A. Allen propusieron una clasificación de los trastornos del lenguaje que hoy es aún la utilizada con mayor frecuencia. En un principio se incluían allí no sólo el conjunto de los TEL sino también los trastornos del espectro autista, puesto que en las personas con autismo es posible encontrar todas las variantes de déficit de desarrollo del lenguaje (Aguado, 1999). La validez de esta clasificación ha sido verificada en una muestra hispanohablante (Crespo-Eguilaz y Narbona, 2006). Estos trastornos se subdividen en: trastornos expresivos, trastornos mixtos (receptivos y expresivos) y trastornos del uso del lenguaje.

 

Trastorno de la vertiente expresiva

Trastorno de la programación fonológica

Dispraxia verbal

Trastorno de la comprensión y expresión o mixtos

Trastorno fonológico-sintáctico

Agnosia auditiva

Trastorno del procesamiento de orden superior o de uso del lenguaje.

Trastorno semántico-pragmático

Trastorno léxico-sintáctico

 

TRASTORNOS DE LA VERTIENTE EXPRESIVA.

Trastorno de la Programación Fonológica: poseen fluidez en la producción pero con una articulación muy distorsionada. Mejora en la repetición de sílabas aisladas. Comprensión normal o casi normal.

Dispraxia verbal: es un trastorno severo, se ha encontrado que dentro de los antecedentes familiares hay un importante número de parientes en cuya historia clínica consta algún tipo de trastorno del lenguaje. Existe desde una grave afectación de la articulación hasta la ausencia completa de habla. No mejora la articulación con la repetición. La comprensión es normal o casi normal.

 

TRASTORNOS DE  LA COMPRENSIÓN Y EXPRESIÓN O MIXTO

Trastorno Fonológico-Sintáctico: presentan un déficit mixto expresivo-comprensivo. Fluidez verbal perturbada. Articulación alterada. Sintaxis deficiente: frases cortas, mal estructuradas, ausencia de nexos y de marcadores morfológicos, laboriosa formación secuencial de enunciados. Comprensión mejor que expresión. El niño tiene problemas en el aprendizaje del sistema de sonidos del lenguaje (fonología) y ha limitado el dominio de estructuras gramaticales (sintaxis) en el lenguaje expresivo. La mayoría de los niños que serían clasificados como casos de trastorno del lenguaje expresivo en el DSM-IV encajaría en esta categoría.

Agnosia Auditivo-Verbal: se diagnostica cuando un niño con problemas de comprensión severos tiene dificultad para interpretar sonidos del lenguaje. Muchos niños con afasia epiléptica adquirida recibirían este diagnóstico, aunque el diagnóstico también se aplicaría a otros niños con problemas de comprensión severos que tienen un trastorno de desarrollo. Sordera verbal. Fluidez perturbada. Comprensión oral severamente afectada o ausente. Normal comprensión de gestos.

 

TRASTORNOS DEL PROCESAMIENTO CENTRAL O DEL USO DEL LENGUAJE

Trastorno Semántico-Pragmático (TSP): Desarrollo inicial más o menos normal. Articulación normal o con ligeras dificultades. Habla fluida, con frecuencia logorréica. Desarrollo gramatical normal. Grandes dificultades en comprensión. Lenguaje incoherente, temática inestable, frecuente ecolalia o perseverancia.  El diagnóstico para las anomalías del niño en este nivel se da en el contenido y uso del lenguaje, más que en los aspectos de la forma del lenguaje. Rapin (1982) resumió las características clínicas de estos niños como la inclusión de un discurso fluente, claramente articulado que puede ser ecolálico y con problemas en la palabra-clave y daño en la comprensión del lenguaje. Estos niños son habladores y pueden describirse como híper verbales. Aquéllos que encajan en este cuadro clínico producen un lenguaje raro e impropio, en lugar de parecer sólo pobre para  su edad.  El TSP es un tipo del TEL en el que predominan los problemas discursivos y las dificultades de comprensión del lenguaje (Mendoza, 2005).

Trastorno Léxico-Sintáctico: el niño habla claramente, pero tiene problemas para encontrar palabras y para la formulación de oraciones. En este caso, el lenguaje del niño no parece evidentemente anormal, cosa que hace que este tipo de problema puede pasarse por alto a menos que se usen valoraciones estandarizadas.  Habla fluida, pseudotartamudeo por problemas de evocación. Articulación normal. Sintaxis perturbada. Comprensión de palabras sueltas pero deficiente comprensión de enunciados.

Epidemiológicamente el TEL  presenta gran variabilidad entre 2,28 y 6,68% (Law y col., 2000) y  gran persistencia, aproximadamente en el 70%  casos catalogados perduran en el tiempo. Los trastornos específicos del lenguaje (TEL) afectan entre el 5% y el 8% de los niños en edad preescolar y son altamente hereditarios, por lo cual existe un interés particular por aquellos estudios sobre  agregación familiar (Newbury y cols., 2010; Doyle, 2007; Shriberg y cols., 1997.)

El Pronóstico del cuadro tiende a ser más negativo cuando  las dificultades no se resuelven en los  primeros años de escolaridad.  Cuanto más afectada esté la comprensión, más negativo es el pronóstico. Se pueden ver afectadas con el paso del tiempo otras destrezas (lectura, escritura, conducta, ajuste psicosocial…). Un logopeda con amplio bagaje terapéutico va a ser capaz de identificar que la alteración del lenguaje es compleja con examinar al niño de forma rutinaria pero solo con un proceso diagnóstico adecuado podrá llegar a identificar las características distintivas que en la actualidad se conocen de cada uno de los trastornos.

En el TEL, además, también es frecuente la comorbilidad con otras patologías  como la Dislexia,  TDAH y el  Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). Por otro lado, también es muy frecuente que el TEL curse concomitante a otras alteraciones psicopatológicas: depresión, ansiedad, trastorno de conducta… Es algo que debemos estar muy alerta para saber diferenciarlos y también para descubrir con la ayuda de otros profesionales  cómo se solapan los trastornos.

Los diversos planteamientos del TEL se han agrupado bajo dos enfoques importantes: el enfoque lingüístico y el de procesamiento. El enfoque lingüístico se basa en la teoría modular del lenguaje en el que existe un déficit específico del dominio en un área  para el aprendizaje del lenguaje. En concreto se trataría de un  déficit  primario  de computación gramatical  y con problemas en la morfología temporal y afectaría  al 20% de los niños  con TEL.  Sin embargo, el enfoque del procesamiento no se centra en las limitaciones lingüísticas basadas en módulos sino más bien en problemas para interpretar el input lingüístico y/o acceder al conocimiento lingüístico almacenado en la memoria. En concreto, se plantean hipótesis de alteraciones en el procesamiento de la información más general y otras más específicas como déficit de velocidad de procesamiento, dificultades en la representación fonológica o problemas en la percepción auditiva.  (Petersen y Gardner, 2011)

Aunque la nosología propuesta por Rapin y Allen parece ser un paso hacia adelante a la hora de redefinir la clasificación del trastorno del desarrollo del habla, cualquiera que intente aplicar este sistema en el ámbito clínico se encontrará que los límites de diagnóstico permanecen imprecisos. Varios estudios han encontrado que el perfil de deterioro del lenguaje ejecuta cambios con niños maduros (Bishop & Edmundson, 1987a; Scarborough Dobrich, 1990; el Whitehurst et al., 1991a), y es posible que alguno de los subgrupos que se han descrito corresponda a los diferentes puntos en el desarrollo, en lugar de ser entidades clínicas distintas.