FASE 2: Primera formulación de hipótesis y deducción de enunciados verificables.

 

A partir de la información aportada en la  entrevista y en función de la edad del niño podremos plantearnos las hipótesis sobre si se está desarrollando un lenguaje normal, si es simplemente un desfase evolutivo o si existen claras alteraciones en su adquisición. Cuanta más información posea el logopeda respecto al desarrollo infantil y a los trastornos del lenguaje más fácil será comenzar a formular las hipótesis y hacer predicciones verificables.

Para esta segunda fase es adecuado formular  hipótesis de cuantificación donde se verifique la frecuencia con la que se da la conducta lingüística y  en una fase posterior  nos plantearemos hipótesis de semejanza porque  intentaremos comparar la conducta lingüística del niño con la de otros niños mediante las pruebas estandarizadas que actualmente existen. Las variables  de estudio deben estar claramente especificadas y referidas al funcionamiento general del niño (físico-neurológico-biológico, cognitivo, conductual, emocional, interpersonal…) y en distintos ambientes y los instrumentos deben tener en cuenta que deben evaluar específicamente el problema y también los aspectos relacionados directa e indirectamente.

Para llegar a establecer  hipótesis de cuantificación en las que se  explicite todo lo que  el niño habla podemos recurrir inicialmente a las técnicas de registro familiar, escolar y  también a la aplicación de cuestionarios e inventarios de observación. Según Sattler (1992),  las entrevistas, las observaciones, los test estandarizados y la información incidental se complementan y proporcionan fundamento firme para las decisiones que se tengan que tomar. En cualquier problema del lenguaje e incluyendo a los niños con TEL nos plantearemos enunciados en primer lugar acerca de la existencia o no de un retraso lingüístico.  Podemos plantearnos en qué áreas del lenguaje notamos la presencia de mayor alteración, si solo es de expresión o también influye la comprensión, o por el contrario si posee lenguaje pero no sabe hacer uso del mismo. Como vimos,  la entrevista permite de forma rápida unir nuestra observación con la información que nos está aportando la familia.  También debemos plantearnos si las alteraciones que presenta se deben a algún tipo de malformación, causa orgánica  o primaria que pudiera  estar dañada y explicara todo el repertorio del niño. Como se ha mencionado anteriormente la evaluación debe ser multicomponente y todas las técnicas se complementan. Todas las cuestiones o hipótesis que nos preguntemos deberemos resolver con el apoyo de instrumentos lo más fiables posibles que nos aseguren que estamos en lo cierto.

En función de la edad del niño decidiremos qué cuestionarios o pruebas aplicar e incluso si hacemos exploración de las bases madurativas seleccionaremos aquellos ítems de exploración consecuentes a la información que hemos recogido.

En resumen, obtener información de distintas fuentes nos va a permitir ir centrando el problema, confeccionar nuestras hipótesis, descartar otras patologías y elegir los instrumentos o técnicas más adecuadas  para ir perfilando el diagnóstico. Los siguientes apartados siguen un orden puramente arbitrario para detallar la exposición porque  en la práctica clínica debemos seguir el orden que nos marca la información que vamos encontrando. Un buen profesional debe saber encauzar el proceso diagnóstico en base a sus conocimientos y a la información que va registrando y de esta forma pueda ser eficaz y eficiente.