FASE 1: Recogida de Información.

 

La primera fase del proceso de evaluación con el objetivo de establecer un diagnóstico en la evaluación del lenguaje contempla la recogida de información. Dentro de la recogida de información se deben buscar los siguientes objetivos específicos, por un lado detallar el motivo de consulta, recoger la máxima información personal, social y biológica y por último, conocer las expectativas del cliente.  Al igual que para Silva (1995),  la evaluación debe ser multicomponente.  Es necesario recoger información de distintos informadores: niño, padres,  especialistas, maestros, cuidadores… para valorar si es algo pasajero o persistente en el tiempo. La técnica más adecuada para llevar a cabo esta primera fase es la entrevista. Se puede realizar una entrevista personal a los padres o cuidadores y pedir autorización para recoger información de tutores y personas del entorno.

 

 Entrevista inicial

 

La entrevista inicial  se caracteriza por ser una técnica previa al diagnóstico e imprescindible en cualquier evaluación por la cantidad de  información que proporciona en poco tiempo. Se desarrolla a través de una conversación con una finalidad que es la demanda que plantean los padres del niño que tiene problemas de lenguaje. La misión del logopeda consistirá en identificar y clarificar ese motivo de consulta, comprender los problemas y sentimientos del niño y de la familia e intentar elaborar hipótesis sobre lo que  cuentan los padres  para después corroborarlas con diversas  técnicas  y poder plantear así  estrategias de solución o planes de intervención.

Generalmente son los padres los que informan acerca del niño y  pueden acudir a consulta por ellos mismos  o derivados por algún maestro u otro especialista. Nos plantearemos como objetivos importantes la especificación operativa de la demanda y del problema. En ocasiones los padres solo son conscientes de un repertorio reducido de conductas lingüísticas y solamente tienen como referencia lo que habla el niño sin hacer más inferencias sobre qué debe estar pasando. Es muy probable que su motivo de consulta sea que el niño no habla,  habla mal o tarda en hablar. Una de nuestras misiones será la de dilucidar, haciendo preguntas, cuáles son los problemas de lenguaje  del niño y cómo le repercute en su entorno.

 

La entrevista proporciona una influencia  recíproca en las personas implicadas  y por eso, el desarrollo de la misma debe ser flexible, adaptándose a las particularidades propias del niño y de la familia aunque siga algunos esquemas prefijados. El logopeda debe aprovechar la entrevista para motivar y estimular el cambio, clarificar la propia consulta y ofrecer alternativas de cambio. También es necesario crear un ambiente agradable para observar al niño, ver la interacción padres-hijos y también valorar en qué momento se puede hacer la evaluación. En este sentido es muy importante poseer habilidades sociales y  crear empatía. Es bastante frecuente encontrar a padres desorientados, que hablan del problema de su hijo con etiquetas diagnósticas de otros profesionales y/o que presentan expectativas contrarias a las que nosotros les podemos ofrecer. Por este motivo, durante la entrevista podemos utilizar las habilidades de escucha para intentar recoger las quejas o problemas lingüísticos del niño e intentar mediante preguntas definir, aclarar y   operativizar al máximo  las demandas que la familia nos expresa.

 

Generalmente el tipo de entrevista que mejor se adapta a esta primera consulta es la  entrevista estructurada, a través de un cuestionario guiado la familia irá respondiendo a las preguntas que se plantean. Debe empezar por incluir los datos biográficos y la fecha en la que se hace la entrevista. Es importante anotar la fecha de nacimiento pues en muchas pruebas estandarizadas se necesita hallar la edad cronológica exacta para consultar posteriormente los baremos.

 

 Historia clínica o Anamnesis

Dentro de la entrevista existe un apartado denominado Historia clínica o Anamnesis. Es el procedimiento en el que se debe recabar  datos sobre condiciones pasadas y actuales relevantes (personales, sociales, biológicas). Para ello recogeremos datos biográficos del niño desde su nacimiento hasta la actualidad,  y por último, debemos averiguar  cuáles son las expectativas del cliente acerca de nuestro diagnóstico o intervención. Generalmente los padres del niño con TEL y según las manifestaciones, suelen iniciar una andadura de profesionales hasta ir acotando el problema de sus hijos. Por eso, es fácil que acudan a la consulta con informes de otros especialistas en los que se haya intentado descartar organicidad u otros trastornos. No obstante, sería importante remarcar la necesidad de recoger toda la información de otros especialistas que hayan consultado hasta la fecha.

 

Cuestionarios a padres, tutores etc.…

Los cuestionarios elaborados por nosotros mismos permiten recoger más información,  y por ello, podemos entregar a los mismos padres en la consulta mientras exploramos al niño algún otro cuestionario donde puedan rellenar tranquilamente y ampliar o volver a mencionar la información que nos han facilitado dejándoles expresarse de forma abierta  y sin nuestra presencia. En ocasiones, las respuestas en la entrevista pueden quedar sesgadas por nuestra presencia aceptando o negando comportamientos que luego a través del cuestionario podemos comparar. Un registro de conductas lingüísticas en el aula  se podría entregar a los tutores escolares (siempre con el consentimiento de los padres) para que colaboren e incluso se les puede entregar un registro en el que detallen qué habla, cómo lo habla y ante quién habla en el contexto escolar. Debemos estar dispuestos a comunicarnos con cualquier otro profesional que haya comenzado su labor asistencial para que nos pueda informar directamente sobre el caso.